Ha pasado una semana desde que Lehman Brothers Holdings Inc. presentó la mayor quiebra de la historia de Estados Unidos. Y no ha habido ni una sola palabra pública del presidente de la compañía, Richard S. Fuld Jr. Ninguna disculpa. Ningún arrepentimiento. Ni una palabra de agradecimiento, o siquiera un adiós, a los miles de empleados destinados a perder sus puestos de trabajo.
“¿Dónde está Dick?” se ha convertido en la pregunta más frecuente aunque equivocada. La mejor pregunta es: ¿Por qué diría algo este hombre ahora? Nadie le creyó hace casi 10 días cuando dijo en una conferencia telefónica que Lehman se había “desembarazado rápidamente del riesgo”. Asimismo, nadie le creería si enviase un correo electrónico en que dijera a los inversores y empleados de Lehman -e incluso al mundo- que lo lamenta.
Este es un tipo que se llevó a casa casi US$ 500 millones por ventas de acciones de Lehman que recibió durante sus 14 años como presidente y máximo responsable de la compañía, según cálculos de Allan Sloan y Roddy Boyd publicados en la revista Fortune. (La cifra es antes de impuestos y no incluye la paga en efectivo). Eso significa que puede crear una estrategia para el largo plazo.
Todavía no se ha dicho nada sobre una investigación civil o penal de la Comisión de Bolsa y Valores o el Departamento de Justicia. Pero la habrá, aun cuando se necesite una elección presidencial para entablarla. Fuld ya ha sido llamado a una comisión de la cámara baja del Congreso para explicar lo que ocurrió.
A la luz de esas perspectivas, podría decirse que la decisión de Fuld de permanecer en el puesto todo este tiempo -sí, aún está en el cargo- es un acto de coraje. Coraje estúpido, tal vez. Que no quede duda, el hombre sabe correr riesgos, y será generosamente retribuido por haberlo hecho. |