Panorama financiero mundial y políticas monetarias
Cambios significativos han ocurrido y están ocurriendo en la economía mundial; entre los más importantes podríamos señalar el sostenido incremento de la demanda de materia prima de origen minero y agrícola, en el último quinquenio, traducido en un creciente aumento de su precio real. Generado en el vigoroso crecimiento de países como China, Rusia, India y otros, que han experimentado tasas promedio de crecimiento superior a los 7% en los últimos años.
Dado que los principales productores-exportadores de estas materias primas son los países en desarrollo, el resultado fue el sostenido crecimiento de sus exportaciones, superávit de sus balanzas comerciales y favorables términos de intercambio. En contraposición el precio de los bienes industriales ha experimentado aumentos muy modestos que revirtieron los términos de intercambio. Las economías en desarrollo están en una situación por la que no habían pasado en el último cuarto de siglo. Mejoras sustantivas en los términos de intercambio, tendencia que se observa desde el año 2003, en numerosos países de economías en desarrollo.
Las mejoras en los términos de intercambio de países en desarrollo -no ocurría desde el inicio de la década del ‘80- potenció la capacidad de ahorro de estos países y aumentó el valor de sus reservas internacionales. En Latinoamérica esta situación es muy evidente en países como: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú y Venezuela, que también han experimentado el crecimiento de sus economías y de sus exportaciones.
El aumento de la reserva mundial según los informes del BIS y el BM se dio casi generalizadamente en los países en desarrollo, en un 80% de ellos. Según la misma fuente, la reserva total a fines del 2005 alcanzó el monto de unos 4.200 billones de dólares, de los cuales tan solo el 30% corresponde a los países industrializados y el resto a los países en desarrollo. Como puede observarse en el informe anual del año 2006 del BM, Global Development Finance (pág. 139), dice que los países en desarrollo exportan capitales al resto del mundo, en especial hacia los EE.UU., que incentiva esta transferencia por la necesidad de cubrir su cada vez más acentuado doble déficit.
La composición de la reserva total tiene la siguiente estructura: aproximadamente, el 60% en dólares, el 30% en euros y el 10% restante preferentemente en yenes, libras esterlinas y francos suizos. Reserva que se encuentra, su mayor parte, en los sistemas financieros de los países industrializados.
Los países en desarrollo convertidos en exportadores netos de capital destinan preferentemente estas reservas a bancos y gobiernos de EE.UU. y de los países de Europa. El vehículo de “exportación” es generalmente la compra de Bonos del Tesoro, como también los depósitos en bancos de primera clase, triple A. Otra parte de la reserva pertenece a los Bancos Centrales y al Tesoro de los países en desarrollo, que a su vez los transfieren, en su mayor parte, hacia bancos de los países desarrollados, especialmente EE.UU. y Europa.
La conversión de los países en desarrollo en exportadores netos de capital explica la disminución de la tasa de interés a nivel mundial y en especial en los países industrializados. Ahora que ellos son los prestamistas y deudores, presionaron oligopólicamente en los principales centros financieros internacionales y redujeron la tasa de interés; en el Japón fue menos de 1%, en los EE.UU. fue del 1% y en Europa a menos del 2%. Lo que ayudó a mejorar la situación financiera y de competitividad de numerosas empresas transnacionales de los países industrializados, pero se contradice con la política antiinflacionaria que presiona por una elevación de la tasa de interés.
Esta situación, de aumento de la reserva y bajas tasas de interés, llevó a que varios países, entre ellos Argentina, Brasil, Chile, Venezuela, etc., decidieran pagar por anticipado sus deudas con organismos multilaterales, deudas que tenían una tasa de interés muy superior a la vigente en la actualidad. La misma política adoptaron varios países asiáticos, entre los cuales se encuentran exportadores netos de capital y los que poseen las mayores reservas monetarias. Las reservas monetarias de China están llegando a los 1.000 billones de dólares, casi la cuarta parte de la reserva mundial.
En estos hechos se encuentran algunos de los factores que podrían explicar la debilidad del dólar, además de su doble déficit, que le obliga a endeudarse con bonos del tesoro, tendencia esta que no muestra signo de modificarse a corto plazo. Además, EE.UU. disminuye sus deudas en dólares en la medida que disminuye la cotización de su moneda y aumenta la competitividad de sus empresas con una baja tasa de interés.
Si bien desde mediados del año en curso el sistema financiero internacional comienza a perfilar una crisis que adquiere magnitud al inicio del mes de agosto. El origen del mismo es la “crisis inmobiliaria” en los EE.UU., (la burbuja inmobiliaria) que generó una crisis de créditos al devaluarse los bonos inmobiliarios, los denominados “créditos sub prime” de alto riesgo. Esta situación causa grandes pérdidas en los bancos y fondos de inversores de los EE.UU. y repercute negativamente en todas las bolsas del mundo. En Francia afecta gravemente a su principal banco, el BNP Pariba, segundo en Europa, que está muy ligado al mercado de hipotecas de los EE.UU. Este banco para evitar la retirada masiva de sus fondos congeló las líneas (el “corralito”) que están directamente ligados al mercado hipotecario.
Ante esta situación, los EE.UU. hacen un llamado a los Bancos Centrales de los principales países desarrollados, para inyectar liquidez al sistema financiero mundial. Se estima que esto movilizó desde el 9 de agosto unos 800.000 millones de dólares en el mundo. La primera medida tomada en los EE.UU. fue la reducción de la tasa de descuentos, la tasa de interés que la FED cobra por hacer préstamos a los bancos, de 6.25 al 5.75 por ciento.
La siguiente medida tomada fue la inyección directa de la FED de capital al sistema financiero de Estados Unidos. Desde el 9 de agosto hasta fines de agosto, la FED ha inyectado unos 200.000 millones de dólares al sistema financiero norteamericano, mediante recompra -a cortísimo plazo- de los devaluados bonos inmobiliarios para tratar de calmar la crisis de créditos, dar confianza a los tenedores de bonos inmobiliarios y evitar o postergar la declaración de pérdida. De agravarse la situación, se estima que la próxima medida podría ser la disminución de la Tasa de Fondos Federales, que es el interés que los bancos comerciales cobran por los préstamos de 24 horas. Medida que podría tener un impacto positivo en la crisis; sin embargo, tendría efectos colaterales significativos en la macroeconomía.
Por lo pronto, la repercusión en Latinoamérica fue la contracción del crédito y el aumento de las tasas de interés. La reducción de la liquidez ha generado una aversión al riesgo de los bancos internacionales, la Tasa Inglesa Libre de Riesgo que utilizan los bancos como referencia para prestarse fondo entre ellos, llegó a 5,82% que es la tasa más alta en esta década.
(*) Economista